domingo, 3 de febrero de 2019


Yo tengo sueños que se cumplen.
Y canciones rotas que en el aire se componen
imitando la música de las noches de verano
cuando las lágrimas del violín se derraman
sobre las profundas aguas del río de Bohemia.

En el final del camino, mi huella
en soledad vacía retumba.
Y su onda amarilla se expande
-llanto infinito de la luna autista-
hasta alcanzar el abismo y asomarse
como aceite que rebosa.

La noche olía a jazmín.
Los niños cantaban la alegría de la lluvia caliente.
Las manos recibían el don maravilloso
de interpretar el sueño de la mariposa nueva 
dibujando colores y cielos.

Los amantes se encuentran:
sembradores temporeros,
derrochadores de simiente,
dioses ciegos que la tierra reconoce y premia.

Bendito amor.

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